¡Qué bonito es internet! ¡Y qué bonitas son las redes sociales! ¡Y qué bonito es relacionarse y tener amiguitos! Todo eso está muy bien, y es un hecho que «inventos» como Facebook están arrasando. Hoy quiero hacer una simple reflexión, con toda la modestia del mundo, y advirtiendo de que no soy ningún «gurú» ni entendido en la materia. Hoy quiero hablar sobre lo increíblemente apetitosa que, desde el punto de vista de una máquina, es la ingente cantidad de información que las denominadas redes sociales poseen sobre nosotros y nuestras vidas.