El Profesor Hiroshi Ishiguro, director del Inelligent Robotics Lab. de la Universidad de Osaka, se ha quedado bien, pero que bien a gusto, con este nuevo parto robótico. Y en este caso la palabra parto casi es mucho decir, porque el bicho más parece un feto a medio hacer, o un renacuajo cabezón. Lo han bautizado Telenoid R1, y así se contonea:

Saleroso, ¿no? Recordemos que el Profesor Ishiguro es conocido por trabajar en una línea de la robótica que trata de imitar al ser humano de la manera más fidedigna posible. El objetivo fundamental es permitir la telepresencia, o mejorar la interacción con personas que se encuentran a distancia permitiendo, incluso, un simulacro de contacto físico con ellas. Recordemos por ejemplo a Geminoid, el robot que Ishiguro creó a su imagen y semejanza, o a Geminoid F, su versión femenina.

Y… ¿por qué esta cosa tan fea?

Con este nuevo bicho/engendro/cosa… está claro que se apartan ligeramente de esta línea que busca la imitación perfecta de la fisonomía humana. ¿Las razones? Desde la web del electrodoméstico apuntan a que pretenden investigar los “elementos esenciales” necesarios para representar y transferir una presencia de apariencia humana. Es decir: buscan la esencia, lo fundamental; aquellos rasgos primordiales y nucleares que identifican a un ser humano en cuanto a su capacidad para comunicarse. Todos tenemos dos ojos, una nariz, una boca, tronco y extremidades. Se trata de que, a partir de esta estructura que podríamos llamar minimalista, sea el usuario el encargado de dar la forma particular al interlocutor. Es decir, pretenden que el usuario imagine, o proyecte sobre Telenoid los detalles particulares que caracterizan y diferencian a la persona con la cual se comunica. Desde este punto de vista, Telenoid sería algo así como una pantalla móvil.

Además, Telenoid es muchísimo más barato que sus antecesores. Al eliminar manos y gran parte de las articulaciones de las extremidades, así como al simplificar las facciones del rostro y limitar su capacidad de gesticulación, el coste de producirlo se ve reducido drásticamente, facilitando su penetración en los hogares.

¿A quién me recuerda?

Bien mirado, Telenoid se parece más que a un ser humano a Paro, el robot terapéutico: ese que es “pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro”… Igual que Platero, el burro, pero con pinta de foca:

Del mismo modo que Paro ha probado sus bondades terapéuticas aplicando una suerte de zooterapia artificial, parece como si Ishuguro hubiera buscado aprovechar algunas de sus características, dotándole además de rasgos humanoides. El problema es que a veces mezclando dos cosas buenas el resultado no siempre es el más deseable. Pensemos por ejemplo en un yogur de chorizo. Telenoid no es ni hombre, ni animal; ni carne ni pescado; ni chicha ni limoná… y tal vez sea eso precisamente lo que andaban buscando estos investigadores.

Lo encontré en Spectrum